16 agosto, 2012

El curriculum fragmentado

Yo todavía puedo escuchar a mi maestra de cuarto año de primaria diciéndonos que guardáramos el cuaderno de español porque íbamos a ver historia y una cosa no tenía nada que ver con la otra; así que cuidadito con anotar algo de una asignatura en el cuaderno de la otra porque, al igual que las castas o las clases sociales, las asignaturas no debían mezclarse.
Así pues, desde muy chica, no sólo pude notar la desarticulación entre las disciplinas, sino la  supuesta “superioridad” de ciertas asignaturas frente a otras.
Todos los alumnos sabíamos, sin que nadie nos lo dijera (curriculum oculto), que había asignaturas medulares (español, matemáticas y ciencias) y otras (educación artística y educación física) que, bueno, había que enseñarlas o, peor aún, hacer como que se enseñaban porque –ni modo- así lo marcaba el Plan de Estudios.
La inferioridad de algunas materias frente a la superioridad de otras se reflejaba en todo. Para las asignaturas “inferiores”  no había exámenes, ni tareas, ni trabajos, ni nada, daba la impresión de que no teníamos que aprender esas asignaturas; las calificaciones tampoco eran problema, todos sacábamos diez.
Los profesores que las impartían también eran “víctimas” de estas diferencias, es decir, no era lo mismo la llamada de atención del profesor de matemáticas que una llamada de atención del maestro de educación física y esto lo sabíamos todos: desde la dirección hasta los maestros, los alumnos y los padres de familia.
Y si bien cuando estudié Pedagogía  me enseñaron que la educación debía ser integral (ah, qué bien sonaba eso) y que todas las asignaturas son igual de importantes, la verdad es que –una vez más- el discurso no coincide con la práctica.
La realidad es que se ha confundido educación  por  capacitación para el trabajo y en este sentido, sólo las asignaturas que se asocian con la generación de dinero se vuelven importantes, como matemáticas y ciencias, mientras que las otras son vistas con reticencia, por decir lo menos.
Pero quienes estamos vinculados con la enseñanza no podemos olvidar que la educación debe ser un sistema de formación para la construcción de una sociedad libre, justa e igualitaria; no podemos olvidar que la verdadera educación debe formar personas sabias, bondadosas y fraternales.

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